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La razón social: un elemento de valor competitivo

Muchas veces olvidamos que ciertas tipologías de Economía Social, además del bien social que aportan conllevan un valor competitivo, ya que la ciudadanía también lo prefiere a la hora de elegir qué comercio o a quien contratar un servicio.

Pero para hacerlo, conviene que sepamos bien qué entendemos por Economía Social, así que hemos decidido contestar algunos interrogantes frecuentes, que os pueden facilitar y aclarar las cuestiones.

¿Crees que la Economía Social es algo nuevo? ¿Cuándo surge?

Las primeras experiencias de Economía Social se remontan a los siglos XVIII y XIX. Cooperativas y asociaciones populares surgían como respuesta de los grupos sociales más indefensos para afrontar las nuevas condiciones de vida impulsadas por el desarrollo industrial.
Tiempo después, en Francia por década de los 70, se gestaría el reconocimiento institucional de las experiencias mediante el concepto conocido como Economía Social, que lo situaba entre el sector público y el sector privado capitalista. Un polo de utilidad social con principios derivados de la primera cooperativa fundada en Rochdale, por el año 1844.

¿Cuál es la finalidad de una entidad de la Economía Social?

La pretensión de la Economía Social como conjunto de agentes ya reconocido, ha sido distinguirse de aquella economía articulada en la misma sociedad pero que no da una respuesta eficaz a los problemas sociales, que persigue como finalidad única y excluyente el ánimo de lucro.
Por el contrario, la Economía Social pone en el centro a la persona e intenta dar respuesta a necesidades. Sin embargo, no dejamos de hablar de una herramienta de carácter transversal y no ideológica de por si, al servicio de un fin social determinado.
Cuando hablamos de esta otra economía, nos referimos a un sistema con fundamentos éticos que da servicio tanto a los que forman parte de ella como al resto de la sociedad. Prueba de ello es la cantidad de ejemplos que podríamos encontrar, unos por iniciativa propia para dar un servicio mutual a sus socios, y otras con finalidad de sumar por el interés general.

¿En la maraña de nuevas economías a que llamamos Economía Social?

La economía como concepto hegemónicamente entendido ha resultado ser tan fallido para el desarrollo humano y la justicia social que han ido apareciendo multitud de corrientes con nombres como Economía Solidaria, Economía del Bien Común, Economía Circular, Economía colaborativa… La lista podría hacerse extensa, pero la esencia de cada una de ellas podría decirse que es la misma; la vertebración de un sistema con principios éticos que satisfaga las necesidades humanas y sea más respetuoso social y medioambientalmente, ya sea mediante su integración en el actual sistema capitalista (coexistencia), humanizando el mismo, o planteándose como una alternativa socialmente viable en el mismo margen de actuación.
Nos toparnos entonces con un problema serio, y es que la atomización e historia propias de estas irrupciones no conceden un concepto aglutinado de todas ellas, y por tanto, se vuelve complicada la suma de fuerzas y el ir todas en la misma dirección. Sin embargo, no todo son apariencias, y principalmente existen diferencias en el criterio utilizado para obtener el fin social.
Existe un largo camino de oportunidad para que conceptos similares o complementarios se unan para formar parte de un todo y poder presentarse como una alternativa fuerte, más allá de lo que ya son. Pero a medio camino, debemos saber distinguir los matices y lo que es de lo que no.

¿Con quién se pelea en el campo teórico la Economía Social?

El Tercer Sector como concepto es reconocido de forma distinta dependiendo del enfoque que se utilice para referenciarlo. Muchos seguramente tengáis asimilado que el Tercer Sector se corresponde al ámbito de las entidades sin ánimo de lucro u ONG que no operan en el mercado. Pero en realidad, esta clasificación es solamente una visión de entre otras muchas. El enfoque desde el cual se deriva esa clasificación proviene del Non-profit sector anglosajón, una de las corrientes teóricas que pugna por este espacio conocido como Tercer sector. El Non-Profit sector, en resumidas cuentas, sirve de paraguas para aquellas entidades estrictamente sin ánimo de lucro y de participación voluntaria.
Por el contrario, como enfoque paralelo, el campo de la Economía Social y el respaldo académico hacia esta corriente, considera fundamental otros principios que algunos coinciden con la visión anglosajona, pero otros no lo hacen. Uno de los factores distintivos sería la gestión democrática, elemento que el Non-Profit Sector no considera indispensable para el ejercicio de actividad de una entidad, pero que para la Economía Social es un requisito necesario.
Por tanto, lo que tenemos es que algunas entidades no se pueden calificar como de la Economía Social, como por ejemplo aquellas entidades que aun siendo no lucrativas, tengan una estructura jerarquizada y con una autoridad concentrada, pero sin embargo, sí que se considerarían desde el punto de vista anglosajón del Tercer Sector.

¿Cómo podríamos definir la Economía Social?

 

La pugna constante por el concepto en el campo de las ideas es lo que llevó a académicos e investigadores a ofrecer una definición clara de lo que llamaríamos Economía Social en España. Definición que puede ser utilizada por los sistemas de cuentas nacionales, y que sirve como un molde en el que se debe intentar encajar cada entidad de forma individualizada. Como podréis comprobar, es igual de larga que de rigurosa, ahí va:

“Conjunto de empresas privadas organizadas formalmente, con autonomía de decisión y libertad de adhesión, creadas para satisfacer las necesidades de sus socios a través del mercado produciendo bienes y servicios, asegurando o financiando y en las que la distribución del beneficio y la toma de decisiones no están ligadas directamente con el capital aportado por cada socio, correspondiendo un voto a cada uno de ellos. La Economía Social también incluye a las instituciones sin fines de lucro que son productores no de mercado privados, no controlados por las administraciones públicas y que producen servicios no destinados a la venta para determinados grupos de hogares, procediendo sus recursos principales de contribuciones voluntarias efectuadas por los hogares en su calidad de consumidores, de pagos de las administraciones públicas y de rentas de la propiedad.”

Dentro de este molde, a grosso modo, entrarían las cooperativas, sociedades laborales, mutualidades de previsión social, mutuas de seguros, y las asociaciones y fundaciones de acción social por poner algunos ejemplos, aunque como hemos comentado, habría que comprobar la adecuación de cada una de las entidades por separado.

¿Principio de puertas abiertas?

Un reto importantísimo para la Economía Social es la incorporación de las TIC’s en los procesos de las entidades. Tanto como si quieres darte a conocer y mantener relaciones comerciales con el exterior, como si necesitas mejorar las relaciones internas entre miembros de los órganos sociales y facilitar la transmisión de información, hacer un buen uso de las telecomunicaciones te permitirá conseguir estos objetivos.
Todas sabemos que estar presente en internet y en redes sociales hoy en día es un paso casi obligatorio para no quedarte atrás. Y por ello, nuestro planteamiento es que con nuestro servicio de información puedas obtener acompañamiento hacia esta realidad.
De manera interna, con la incorporación de TIC’s además puedes fomentar el activismo y refuerzas los derechos políticos de los socios con hechos simples como la comunicación de manera informática, o incluso implementar asambleas electrónicas para votar a distancia. La gran mayoría somos conscientes de esta necesidad, pero ¿y tú? ¿Estás abierto a la informatización y las telecomunicaciones?

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